Bilis y embarazo: ¿cómo se ve afectado?

embarazo y bilis

Uno de los principales malestares y uno de los síntomas más frecuentes para identificar un embarazo son los vómitos y los desórdenes estomacales. Estos se deben a los disimiles cambios fisiológicos por los que se encuentra pasando tu cuerpo. En consecuencia, tu sistema gástrico y excretor reacciona aumentando la producción de bilis.

La bilis es una sustancia de coloración mayormente amarillenta y que se produce en el hígado. Su función primaria es la de ayudar a digerir las grasas, aunque también intervienen en la descomposición de otras sustancias como el alcohol y algunos fármacos. Como explicábamos, durante el embarazo su producción aumenta ya que en el momento de vomitar, tu estomago se llena de bilis puesto que esta evita la acción malsana de los jugos gástricos.

De no ser por ella o de padecer algún problema en su producción, las madres estarían en peligro de padecer de gastritis y otras enfermedades. Además pueden ser más propensas a adquirir una hepatitis de tipo B durante el tiempo de la gestación.

 

La bilis es desagradable, pero necesaria y útil

Cuando te levantas con mareos y náuseas y corres al baño para devolver todo lo que comiste ayer, siempre lo último que vomitas es esa sustancia amarilla y desagradable que conocemos como bilis.

¿Sabes porque sucede esto? Pues porque una de sus propiedades es la de neutralizar cualquier ácido que se encuentre en el estómago y esto incluye los jugos gástricos que de otra manera atacarían las paredes del sistema digestivo. Por ello, cuando escupes la bilis, estas sacando de tu organismo un excedente de ácidos que no necesitas y que pueden ser dañinos.

Por si fuera poco, por el alto grado de sales biliares que la conforman, la bilis tiene la facultad de ser bactericida y también elimina los microbios que puedan entrar al organismo con la comida. Es por eso que cuando otra funciones decaen por el embarazo, la bilis aumenta para defenderte.

Deja un comentario